Análisis / 23 de febrero de 2026 / Tiempo de lectura: 9 min.

La anatomía del Clan del Golfo: entre el fortalecimiento y la negociación de paz en Catar

El grupo ilegal duplicó su presencia en municipios y aumentó un 140% su pie de fuerza entre 2022 y 2025. Su nómina mensual asciende a 1,5 millones de dólares (5.500 millones de pesos). La FIP analiza el estado actual del EGC de cara a la negociación de paz con el Gobierno e identifica los desafíos del proceso.

El Clan del golfo se articula en torno a un Estado Mayor Conjunto, seis bloques y 39 subestructuras o frentes
El Clan del golfo se articula en torno a un Estado Mayor Conjunto, seis bloques y 39 subestructuras o frentes
  • Autore/as
  • Gerson Arias
    Gerson Arias Investigador asociado
  • Paula Tobo C.
    Paula Tobo C. Investigadora
  • Andrés Cajiao V.
    Andrés Cajiao V. Coordinador Conflicto y Negociaciones de Paz
  • Nicolás López G.
    Nicolás López G. Asistente de investigación

Con casi 10.000 integrantes, influencia en al menos 296 municipios y participación en actividades de narcotráfico, minería ilegal, extorsión y aprovechamiento de recursos públicos, el Clan del Golfo (autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia, EGC) representa la mayor amenaza para la seguridad del país. En simultáneo a su expansión, desde septiembre de 2025 el grupo ilegal inició una negociación de paz con el Gobierno del presidente Gustavo Petro en Catar.

En seis meses de diálogos, este proceso ha atravesado una serie de altibajos. El más reciente, tras la reunión del mandatario colombiano con el presidente Donald Trump, que llevó a una suspensión de 13 días en la mesa. Los traspiés dejan al descubierto la complejidad de negociar con el grupo ilegal más grande del país, no solo en medio de su fortalecimiento, sino también bajo los compromisos adquiridos con Estados Unidos y a menos de seis meses del fin de la administración Petro, como lo expone el más reciente informe de la Fundación Ideas para la Paz (FIP).

El Clan del golfo tiene

9.840

miembros. Cerca de 3.400 en armas y 6.512 en redes de apoyo.

El documento explora los rasgos diferenciales de la actual negociación, la arquitectura interna del Clan del Golfo, sus motivaciones para buscar una desmovilización y los desafíos de las conversaciones en Catar. A continuación, algunas de las claves.

Una negociación distinta

Un primer elemento diferencial de la mesa con el EGC es que el grupo acepta discutir una eventual desmovilización, lo cual implica abordar la entrega de armas y el acogimiento a un marco jurídico para responder por sus crímenes y ante las víctimas. El segundo aspecto diferenciador es la agenda de diálogos: no se plantean grandes reformas del Estado, al régimen político ni al sistema económico. El punto de llegada es más concreto: desmontar el sistema de extorsiones y cobros que el grupo impone en sus zonas de influencia y reemplazarlo por la presencia del Estado. A eso se suma un elemento novedoso en el contexto colombiano: la figura de países mediadores, que por primera vez se utiliza formalmente. Por ahora, además de Catar, este rol lo ostentan Noruega, Suiza y España.

Estos rasgos diferenciales no implican que sea una negociación fácil ni que el camino esté exento de sobresaltos. En especial porque persisten obstáculos estructurales que han marcado la Paz Total, como la falta de marcos jurídicos adecuados, la escasa articulación interinstitucional y la ausencia de herramientas eficaces para hacer cumplir los compromisos asumidos con las comunidades.

Además, existe el riesgo latente de que, en el intento por estabilizar los territorios, se terminen validando —aunque sea de forma indirecta— las lógicas de gobernanza ilegal que el grupo ha impuesto en varias regiones, en lugar de propiciar mecanismos que permitan al Estado ocuparlas de manera efectiva y sostenible. De hecho, lo que está claro es que el fortalecimiento de esta organización se mantiene.

Una radiografía del EGC

El Clan del golfo se articula en torno a un Estado Mayor Conjunto, seis bloques y 39 subestructuras o frentes. De acuerdo con los registros de la Fuerza Pública, actualmente es el grupo armado con más integrantes en el país. Se estima que cuenta con alrededor de 9.840 miembros (3.328 en armas y 6.512 en redes de apoyo). Es decir, concentra casi el 36% de los 27.000 integrantes de organizaciones ilegales del país.

El EGC también ha demostrado que no es un enemigo menor para la Fuerza Pública. Aunque ha sido la estructura más atacada por las autoridades (uno de cada cuatro combates son contra este grupo), su crecimiento se ha mantenido. Solo entre 2022 y 2025, la organización aumentó un 140% su pie de fuerza (de 4.099 integrantes a casi 10.000). En ese mismo periodo, su presencia se duplicó: pasó de tener influencia en 145 municipios de 13 departamentos en 2022, a 296 de 17 departamentos en 2025.

La captación de personal se potencia con el pago de salarios a los nuevos miembros y los apoyos económicos a sus familias. Según el trabajo de campo realizado por la FIP, contrastado con fuentes institucionales, el grupo ofrece pagos mensuales desde 1,5 millones de pesos (para los puntos, informantes o campaneros), hasta 17 millones para los comandantes de frente.

Actualmente, el Clan participa en cuatro de los 13 focos de confrontación que hay en el país: en la Sierra Nevada de Santa Marta contra las Autodefensas Conquistadores de la Sierra; en el sur de Bolívar y el norte y nordeste antioqueño contra el ELN y el EMBF (la disidencia de ‘Calarcá’); y en las zonas de San Juan (Chocó) y Bajo Calima (Valle del Cauca), también en choque con el ELN.

NÚMERO DE INTEGRANTES Y MUNICIPIOS DE INFLUENCIA DEL EGC (2017-2025)
NÚMERO DE INTEGRANTES Y MUNICIPIOS DE INFLUENCIA DEL EGC (2017-2025)

Los motivos para negociar

La FIP identifica al menos cinco incentivos para que, en medio de su expansión, el EGC esté dispuesto a negociar. El primero está ligado al prestigio y el reconocimiento, es decir, que el gobierno use el nombre EGC para referirse al grupo y que se reconozca su lugar en la conflictividad armada del país. El segundo son los elevados costos de mantener una organización que tiene esta cobertura geográfica, que paga salarios a sus integrantes (una nómina que puede costar alredor de 1,5 millones de dólares al mes, unos 5.500 millones de pesos), y con alta demanda de material de guerra para afrontar las disputas que lleva a cabo.

A eso se suma el riesgo de que sus miembros sean neutralizados por la Fuerza Pública (como ocurrió con ‘Chirimoya’, miembro del Estado Mayor Conjunto, en abril del año pasado), o asesinados en disputa internas del grupo (como sucedió con ‘Siopas’, otro miembro de la cúpula, ajusticiado en marzo de 2023). En cuarto lugar está la expectativa de aprovechar una fracción de sus ganancias tras una desmovilización. Finalmente, está el agotamiento general por estar en la ilegalidad.

¿Cómo va la negociación en Catar?

En los cinco meses que han transcurrido desde la instalación de los diálogos en Doha, se han realizado dos ciclos de conversaciones, que han concluido con acuerdos de transformación territorial y avances hacia la preconcentración del grupo.

La primera ronda terminó el 18 de septiembre de 2025 con la selección de cinco municipios donde se implementarán acciones piloto de transformación centrados en sustitución de cultivos de uso ilícito, el abordaje de problemas ambientales, la presencia del Estado y la discusión sobre la migración irregular. Además, el Clan se comprometió a censar a los niños y niñas que forman parte del grupo para ponerlos a disposición del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), a no interferir en el proceso electoral, y a respetar las labores de desminado humanitario.

Diálogos con Clan del Golfo en Catar
Diálogos con Clan del Golfo en Catar © Consejería Comisionada de Paz

En el segundo ciclo de diálogos, que concluyó el 5 de diciembre de 2025, se acordó establecer tres Zonas de Ubicación Temporal (ZUT) en Tierralta (Córdoba), Belén de Bajirá y Unguía (Chocó). El acuerdo contempla la llegada gradual y progresiva de los miembros de las estructuras que operan en estos municipios, a partir del 1 de marzo de 2026, cuestión que por ahora es difícil de cumplir. Otro avance importante de esta ronda fue extender el piloto de transformaciones a diez municipios adicionales en Córdoba, Antioquia y Bolívar.

Las preocupaciones y desafíos

La FIP destaca al menos tres retos importantes:

  1. La capacidad institucional del gobierno y del Estado para cumplir sus compromisos en los 15 municipios priorizados en los acuerdos suscritos en Catar.

  2. Otro desafío consiste en gestionar los debates y ajustes internos que enfrenta el EGC en su estructura de mando, lo que requiere prudencia, asertividad y un uso estratégico de las herramientas disponibles en la mesa, incluidos los países mediadores.

  3. El tercer punto es identificar, antes de que termine la administración Petro, los elementos clave de un marco jurídico futuro que haga posible el desarme, la desmovilización y la reintegración del grupo. Todo esto ocurre en medio de la campaña presidencial y del cierre de gobierno, periodos en los que es probable que se prioricen algunas mesas de la Paz Total y se reoriente esta política. En los meses que quedan, cualquier error podría revertir los avances alcanzados.

A eso se suma el debate jurídico sobre la utilización de las Zonas de Ubicación Temporal cuando no es posible determinar que se está en “una etapa avanzada del proceso”, como lo exige la ley. Tampoco existe un marco jurídico claro que regule la medida, más allá de la actuación inmediata que debería llevar a cabo la Fiscalía una vez los integrantes del Clan lleguen a las zonas. Una inquietud adicional, que no es menor, es si el gobierno está en capacidad de financiar el funcionamiento de las tres ZUT que se acordaron.

Pensar en una desmovilización también implica considerar el surgimiento de posibles “disidencias”. El entramado del Clan, con economías ilegales y legales es un incentivo para su reciclaje. Todo esto convierte al grupo en un actor con recursos enormes y un entramado atractivo, tanto para que mandos medios decidan no abandonar la guerra y continuar con sus negocios, como para las “cabezas invisibles” que desde la legalidad se articulan con el grupo. Por ejemplo, en el sur de Bolívar, los frentes del Bloque Arístides Mesa Páez podrían estar recibiendo alrededor de 3.000 millones de pesos mensuales por la explotación y comercialización del oro.

La delegación del gobierno ha aprendido de las lecciones de otros procesos de la Paz Total. Su objetivo es avanzar y aumentar las probabilidades de que un próximo presidente o presidenta dé continuidad a la negociación. La clave es entender que no se trata de hacerlo a cualquier costo, sino que es prioritario y necesario dar credibilidad y legitimidad a cada paso, por más difícil que sea el camino. Aunque es poco probable alcanzar un acuerdo definitivo antes de que termine este gobierno, sí se puede asegurar un mayor compromiso del grupo, aumentando así las probabilidades de que la mesa se mantenga activa más allá del cambio de administración.

 

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