En Canadá, las comunidades indígenas que buscan invertir como socias en proyectos de energía renovable enfrentan una barrera que no es conceptual, técnica ni jurídica, sino financiera. La legislación vigente les impide ofrecer sus tierras como garantía para acceder a crédito, lo que durante generaciones las ha excluido de oportunidades de inversión.
Para superar esta limitación, en 2019 la provincia de Alberta creó la Alberta Indigenous Opportunities Corporation (AIOC), una entidad que ha facilitado la inversión de 43 comunidades indígenas por más de USD 562 millones en proyectos de energía e infraestructura.
Con este caso como referente, el 25 de febrero se realizó el cuarto y último webinar del primer ciclo de la serie “Socias y codesarrolladoras: un nuevo rol para las comunidades en proyectos de energía renovable”, organizado por la Fundación Ideas para la Paz (FIP), Meliquina y ConnectEP, con financiamiento de UK PACT. La conversación entre Juan Dumas, cofundador de Meliquina, y Chana Martineau, CEO de AIOC y miembro de la nación Frog Lake, permitió comprender cómo funciona en la práctica una garantía de crédito diseñada para que las comunidades indígenas participen como socias reales en proyectos energéticos.
Cómo funciona la garantía de crédito de AIOC
El mecanismo consiste en que AIOC actúa como cofirmante de un crédito, similar a quien respalda una hipoteca. Utiliza la solidez financiera de la provincia de Alberta para garantizar los préstamos que las comunidades indígenas adquieren con la banca comercial. Esto les permite acceder a tasas preferenciales —cercanas a las del gobierno— y a financiamiento del 100 %, sin necesidad de un pago inicial.
A diferencia de un banco de infraestructura, este modelo no interrumpe el ciclo normal del capital: los bancos mantienen sus procesos habituales de crédito y los flujos del proyecto priorizan el pago de la deuda antes de generar utilidades para la comunidad. Así, las comunidades reciben los retornos netos y pueden decidir cómo reinvertirlos.
“Los pueblos indígenas no pueden pedir prestado ni ofrecer garantías sobre la propiedad en reserva porque es tierra de la Corona. A lo largo de generaciones, esto ha creado una barrera en el acceso al capital”, explica Martineau.
Acompañamiento integral: más que una garantía
AIOC no se limita a respaldar créditos. También financia la contratación de abogados, asesores financieros y banqueros que representan a las comunidades en negociaciones con corporaciones multinacionales. Además, su equipo acompaña todo el proceso, ayudando a traducir y armonizar las lógicas empresariales y comunitarias cuando no son compatibles.
Según Martineau, “La forma en que las comunidades indígenas hacen negocios y la forma en que las corporaciones hacen negocios no siempre son compatibles. A veces los dos lados necesitan ayuda para hablar entre sí y encontrar un camino a través de la complejidad de la transacción que funcione para ambos. Hay creatividad y perseverancia en eso.”
En sus primeros años, eran las empresas las que acudían a AIOC con la intención de incluir a comunidades vecinas, pero sin claridad sobre cómo hacerlo. Hoy, las comunidades empiezan a liderar sus propios proyectos. Un ejemplo es Duchess Solar, un parque de 19,8 MW en Alberta, donde Cold Lake First Nations lideró el proceso de principio a fin: encontró un socio corporativo para la construcción y estructuró el financiamiento combinando garantías de AIOC con préstamos del Canada Infrastructure Bank.
La relación como base del negocio
Aunque la arquitectura financiera es clave, Martineau destacó que el factor más determinante para cerrar estas transacciones es la calidad de la relación entre las partes. A diferencia de fondos de capital privado que buscan retornos en horizontes de 5 a 10 años, las comunidades indígenas buscan asociaciones de largo plazo en proyectos que se desarrollan en sus territorios ancestrales.
“Los pueblos indígenas son inversionistas de largo plazo. No están aquí para comprar y vender activos. Quieren ser socios para toda la vida o más. Han habitado estos territorios desde tiempo inmemorial”, afirmó.
Esta visión también transforma a los socios corporativos. Según Martineau, valores como la escucha, la humildad y el respeto por las relaciones están contribuyendo a formar mejores líderes empresariales.
Separar la política de la economía
Otro principio central es mantener la gestión económica independiente de la agenda política. AIOC opera con criterios empresariales, habla en términos comerciales y se mueve al ritmo del mercado. Cuando un acuerdo no ofrece condiciones justas para las comunidades, interviene.
“En el desarrollo económico debemos estar comprometidos de manera implacable con oportunidades de calidad. No toda buena idea es una oportunidad viable”, señaló Martineau.
También advirtió que decisiones políticas bien intencionadas pueden derivar en condiciones financieras subóptimas. Por eso, AIOC mantiene un acuerdo claro: la corporación evalúa la calidad de las oportunidades y protege los intereses financieros de las comunidades, mientras que la política se ocupa de otros ámbitos.
Hasta la fecha, en seis años de operación, AIOC no ha tenido que ejecutar ninguna garantía. Martineau atribuye este resultado a una construcción rigurosa del portafolio, negociaciones cuidadosas y el uso de mecanismos financieros como cuentas de reserva y ratios de cobertura de deuda.
Actuar como dueños, no como beneficiarios
Uno de los cambios más relevantes es el paso de recibir compensaciones a asumir un rol de propiedad. Las comunidades que invierten como accionistas deben actuar como inversionistas: tomar decisiones orientadas a la rentabilidad, elegir proveedores estratégicamente y proyectar retornos de largo plazo.
Les hemos dicho a las comunidades: ahora necesitan actuar como propietarios de un negocio, no solo como receptores de acuerdos de impacto y beneficio. Eso significa que a veces la prioridad es la rentabilidad del proyecto, y eso puede estar en tensión con otras expectativas.
Martineau destacó además que el primer acuerdo no necesariamente es el más rentable, pero sí permite aprender y negociar mejores condiciones en el futuro. Las comunidades que acumulan múltiples transacciones logran impactos transformadores: una sola puede generar cerca de USD 200.000 anuales; tres o cuatro pueden superar el millón en retornos netos sostenidos por décadas.
Un mensaje para América Latina
Al cierre del webinar, Martineau subrayó que América Latina no necesita recorrer décadas de prueba y error. Puede aprender de la experiencia canadiense y avanzar con mayor rapidez.
Sean creativos. Traten de pensar fuera de la caja. Cada jurisdicción tiene un contexto único. El contexto de Colombia es diferente al de Costa Rica, al de Ecuador, al de Alberta. Y hay algo de magia en eso. No es el camino más fácil, pero es también el más gratificante.
Sobre el proyecto
Este webinar forma parte del proyecto “Socias y codesarrolladoras: un nuevo rol para las comunidades en proyectos de energía renovable”, ejecutado por la FIP, Meliquina y ConnectEP, con financiamiento de UK PACT (Partnering for Accelerated Climate Transitions).
La iniciativa busca impulsar la participación de comunidades étnicas y rurales como codesarrolladoras y accionistas en proyectos de energía renovable en Colombia, inspirándose en experiencias de Canadá, Nepal y Sudáfrica. La oportunidad de mercado en territorios de comunidades étnicas se estima preliminarmente en USD 14.000 millones.
Escucha el webinar completo con Chana Martineau (AIOC) y Juan Dumas (Meliquina) y conoce cómo la estructuración financiera puede viabilizar la participación accionaria comunitaria en Colombia.