Los colombianos salimos masivamente a votar el domingo en una de las elecciones presidenciales más reñidas de la historia contemporánea del país. Con una participación del 63%, nunca antes vista en Colombia, y un estrecho margen igualmente inédito de 250.000 votos, se da por ganadora la fórmula de derecha de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. Aún falta la definición oficial, que se dará en las próximas horas y, según lo sucedido en elecciones pasadas, confirmará sin mayores sorpresas el resultado del preconteo inicial.
Contrariamente a los temores que había alimentado a lo largo de la campaña el propio presidente de la República, Gustavo Petro -quien se jugaba la continuidad de su proyecto progresista-, volvió a confirmarse la robustez de nuestras instituciones electorales para preservar la decisión de los votantes. Del otro lado, hemos visto que los miedos que se pregonaban desde la oposición de ruptura institucional y de toma de las calles por parte de los seguidores del continuismo en caso de perder, no se han materializado hasta ahora.
Uno de los legados más complejos de esta campaña electoral es la profundización de la fractura del país en dos proyectos políticos que se consideran mutuamente excluyentes por sus partidarios. Por un lado, De la Espriella, el ganador, con una propuesta libertaria en lo económico y centrada en la recuperación de la autoridad del Estado y la seguridad en todo el territorio. Por otro lado, Cepeda con la apuesta de perfeccionar las políticas estatistas para cerrar brechas sociales y de paz total basada en negociaciones con todos los grupos armados ilegales, que han sido impulsadas por el gobierno Petro.
Esta grieta además se refleja geográficamente. Zonas como la costa pacífica, donde se concentran grandes rezagos sociales y étnicos, votaron con mayorías de más del 80% por Cepeda. Entre tanto, en regiones como Norte de Santander en la frontera con Venezuela, donde se ha mantenido una crisis de seguridad por la disputa entre estructuras armadas, los ciudadanos respaldaron de manera contundente a De la Espriella.
La estrecha diferencia de los resultados electorales nos deja un país atrapado en estas dos visiones en donde para responder a las sentidas necesidades de seguridad, desarrollo e inclusión territorial, se requerirá mucho diálogo entre opuestos, tender puentes y construir confianza. Por ahora, los discursos de los dos candidatos tras los resultados iniciales se alejaron del ambiente incendiario de la campaña y enviaron mensajes de unidad, respeto por la democracia y la diferencia, que abren posibilidades.